
Cuando alguien que queremos atraviesa una emergencia —un sismo, un accidente, una pérdida, una crisis— sentimos el impulso de ayudar, pero muchas veces no sabemos cómo. ¿Qué le digo? ¿Y si digo algo que empeora las cosas? ¿Le doy espacio o me quedo cerca?
La buena noticia es que acompañar bien no requiere ser psicólogo ni tener las palabras perfectas. Requiere algo más humano y más al alcance: saber estar, escuchar de verdad y evitar los gestos que, sin querer, hieren.
Esta guía está pensada para familiares, amigos y voluntarios: cualquiera que quiera ser un buen sostén para alguien que la está pasando mal.