
Cuando el suelo deja de moverse, empieza otra etapa que casi nadie nos enseña a atravesar: la de después. Ya estás a salvo, pero la mente sigue acelerada, el cuerpo tenso, y las decisiones se acumulan. En medio de todo eso, cuidar la salud mental —la tuya y la de los tuyos— es tan importante como cuidar la seguridad física.
La buena noticia es que hay acciones concretas que ayudan. No para "estar bien de inmediato", sino para acompañar el proceso y no sumar estrés al estrés.
Esta guía te ofrece una hoja de ruta práctica, ordenada por prioridades, para los momentos y días posteriores a un sismo.